El pasado del tiempo

El pasado del tiempo es un blog creado para servir de apoyo a las clases de Historia con el objetivo de facilitar a los estudiantes referencias sobre recursos digitales disponibles en Internet y relacionar los contenidos de estas materias con la situación actual mediante referencias a noticias, novedades y todo tipo de documentos que propicien la comprensión del pasado y del presente, la reflexión sobre otros tiempos y lugares.

viernes, 22 de octubre de 2010

España fin de siglo: del XVIII al XIX

El cambio de siglo

 El tránsito del siglo XVIII al siglo XIX, la horquilla de tiempo histórico entre 1788 y 1808, que en España coincide con el reinado de Carlos IV es algo más que el tránsito de una centuria a otra: es el fin de una época que se denominará “a posteriori” ANTIGUO RÉGIMEN. Comienza un proceso lento en el se pasa de una sociedad desigual de órdenes y jerarquías a una sociedad más abierta basada en la posibilidad del “estatus adquirido” a través del mérito personal y la capacidad profesional , en una sociedad con más movilidad en la que prima el individuo por encima del grupo, de la adscripción familiar y social.


El pueblo español permanece apegado a los principios y valores del absolutismo monárquico y de la Iglesia, como se muestra en el rechazo al “terror revolucionario” y en la movilización popular de la guerra contra Francia (1793-1795) que prefiguran la reacción del levantamiento de 1808. Pero también irá naciendo en ciertos grupos sociales un patriotismo, un sentido de nación, de patria, basado en las ideas de libertad, buen gobierno y participación ciudadana, una sociedad civil que resiste y sobrevive al vacio de poder que se creará en 1808 y una opinión pública que será la base de una sociedad liberal



 La España que salta del siglo XVIII al XIX manifiesta claros síntomas de crisis.


Esta situación es en parte debida a las guerras contra Francia primero y contra Inglaterra después, a la insuficiencia y parcial fracaso de las reformas ilustradas que se frenan tras el impacto de 1789, a la la pervivencia de los obstáculos de una sociedad tradicional y del régimen señorial. La crisis se manifiesta en el estancamiento demográfico, epidemias, catástrofes naturales, crisis de subsistencias, caída de la producción, inflación y alza de precios -especialmente de cereales-, dificultades de control del comercio colonial y en el endeudamiento del Estado que obliga a la emisión de vales reales y a la primera desamortización eclesiástica (la crisis del Antiguo Régimen es primordialmente la crisis fiscal del Estado del Antiguo Régimen víctima de sus desajustes financieros). A todo ello se sumará el enfrentamiento de la nobleza con Godoy, el descrédito e impopularidad de la monarquía de Carlos IV y María Luisa, el espectáculo de las conspiraciones e intrigas palaciegas...



 
...pero este horizonte dramático se ve matizado por otras apreciaciones más optimistas que otros historiadores resaltan.


España acaba el siglo XVIII como una nación plena de potencialidades, comparable a otras de Europa; había recuperado su papel de gran potencia y era una pieza clave en el equilibrio europeo: es significativo que el diplomático francés Bourgoing llegue a Madrid en 1792 para solicitar a Carlos IV que emplee su influencia en las Cortes europeas de Berlín, Viena, Estocolmo y San Petersburgo para que abandonen su actitud hostil hacia la revolución. Su potencial económico y demográfico era esperanzador: durante el siglo XVIII su población había aumentado un 40%, el desarrollo económico, pese a las dificultades, era inegable. Podía competir con Inglaterra en su rivalidad comercial y colonial. España poseía la segunda flota mercante del mundo, la segunda en cabaña lanar, la tercera potencia sedera y algodonera, los avances en la metalurgia eran constatables, su imperio colonial americano inmenso. Económicamente estaba retrasada respecto a Inglaterra, pero no respecto al resto de los países europeos. El peso del campesinado era un lastre, pero España era un país floreciente.


 
1808: la ruptura del equilibrio


El comienzo del siglo XIX inclinará este frágil equilibrio hacia las posiciones más pesimistas y dramáticas: la Armada española, la tercera del mundo queda destrozada en 1805 tras Trafalgar, Los destinos de la monarquía del Carlos IV toparon con los proyectos de Napoleón y en 1808 sobrevino la quiebra del Estado en una brusca ruptura . La guerra de la Independencia dejó una economía devastada e infraestructuras arrasadas, la nación dividida y el intento de Fernando VII, a partir de 1814 de imponer el “antiguo orden de cosas”. Pero la reacción popular ante el “vacío de poder” que propicia la invasión francesa, la herencia de las élites ilustradas -muchas de las cuáles creerán sinceramente en el programa reformista y modernizador de José Bonaparte-, el intento de revolución liberal de las Cortes de Cádiz y la promulgación de la primera constitución, aparecen como síntomas esperanzadores de un difícil y complejo camino de avances y retrocesos en que se convertirá la historia española del siglo XIX